Mostrando las entradas con la etiqueta calle sarmiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta calle sarmiento. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de julio de 2024

La forma del odio

     Sobreenojo acerca de quién sabe qué. Intimidado por las mujeres que están acá al lado mío pero más por la bronca que tengo y no entiendo. Las pocas ganas de venir, la garganta que duele, el oído que quiere escuchar metal y no tiene auriculares.

     Todo me da bronca. No estar en mi casa en este momento me da bronca. No poder levantarme temprano. El gobierno. Mi vida. Mi intrascendencia. La bici que compré y se rompió la primera vez que la necesité. La casa que es un quilombo. Las pocas ganas de ordenar. El ansia de jugar a los jueguitos y lo improbable que es que de repente aparezca todo ordenado. El miedo de quedar en ridículo con Beta.

     Los boludos de los clientes. El cipayo del orto que dice que en EE. UU. está más barato todo. La idiosincrasia de una clase social que no sale del quejarse por boludeces, del sentirse culpable pero nunca responsable.

     La denuncia que me hicieron. Lo denunciable que soy. Lo que me gustan las mujeres, lo que me obsesiono con la que me guste y demuestre interés. Las 50 novelas que me invento, lo rápido y en simultáneo que se prenden fuego cuando una sale mal, cien pájaros chocando a 90km/h contra la ventana.

      El odio me sobreviene como una enumeración sin fin, con el propósito claro de no sentirlo más y el intento infructuoso de describirlo. Pero las hojas se acaban, la tinta no para de correr, el tiempo se agota y ya tengo que volver a ese lugar de mierda en el que no quiero estar, durante un horario en el que quisiera poder dormir, para cruzarme con gente con la que no me interesa hablar y que encima es, por lejos, la mejor opción que hay. 

      En estos momentos, no puedo concluir nada más que un "la vida es una poronga".

domingo, 5 de marzo de 2023

Campanazo

             Sonó una campana y me sobrevino verte feliz. 


             La noche. 


             Las noches volviendo de El Cairo, esas en las que la iglesia, abruptamente, señalaba una nueva hora y daba inicio a la magia de la fantasía, a la hora de los cuentos.


             Todas las calles duelen el doble. A las obvias las tolero, estoy preparado para pasar por donde viví y fingir que la cuadra me da lo mismo. pero hoy doblé en Sarmiento y mi interior quedó vacío de voluntad, se redujo a cenizas escuchándote contarme que esa era tu calle favorita.


             Este campanazo me hizo recordar que no estoy preparado para olvidarte, para enamorarme, para buscar a alguien. Que es impredecible lo mucho que te amo, que todavía me encantaría que haya sido distinto, que todavía me duele la neurosis de verte feliz. Odio la necesidad de hacer de tipo duro sabiendo que tu percepción atraviesa toda máscara y que mis neuronas, mis ganas y mi tracción están anudados a tus mañas, a tu belleza, a tus palabras.


            Me muero de ganas de ir más allá de vos. Pero no puedo, no es momento tampoco. 


            Nunca será momento. Simplemente ocurrirá.


            Hasta ese entonces, juego a imaginarme que sos fácil de reemplazar, en esos momentos en que mi ansiedad por ver a Liza resuena en todo el barrio y, sin embargo, solo queda la frialdad de la leve existencia.

La habitación de al lado

          Ella vió la señal que habían pactado para cuando pase, y la entendió al instante.  Había quedado con su amiga en que, cuando se ...