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viernes, 8 de mayo de 2026

Marchito

        Algunas inspiraciones gritan por ser usadas. 

        Yo las encierro en una caja, hasta que no escuche salir del cubo nada más que el silencio cuadruplicado del entorno ingresando en ella, para luego rebotar intrascendente hacia afuera. Y entonces dejo la caja cerrada unas horas más, para asegurarme.

        La inspiración es súbita y, la mayoría de las veces, inoportuna. Hay veces que simplemente no puedo atenderla, no puedo cuidarla (esas veces se dan casi siempre). Y las veces que podría atenderla sus alaridos me agarran deprimido, como mi gata pidiéndome para jugar cuando me ve tirado en el sillón.

        Lo único que puedo hacer es, en el poco tiempo que tengo y quiero, abrir la caja y ver lo que queda adentro. Sentir el aire a osamenta, ver el cadáver marchito de una idea fantástica cuyo último hálito se fue en una palabra a todas luces ignorada. Sólo puedo escribir sobre su cuerpo o lo que queda de él tras cinco días de abandono, imaginar lo que gritaba, recorrer con mis ojos su faringe desfigurada, y fingir que estoy escribiendo lo que exigía, lo que sugería, con lo que insistía.

        Entonces en cada historia hay dos historias: la que me contó el cadáver, que secretamente escuché, pegando mi oído a la caja mientras fingía que no quería saber nada; y la de la desazón, porque el inventor del truco ya no está acá para explicarme cómo hacerlo.

viernes, 14 de febrero de 2025

La pérdida

        Eso, en realidad, es la pérdida. Lo que te deja perdido. Vivir en una caricatura en la que súbitamente te quitan el suelo y quedás parado en el aire, sin más que hacer que echarle una mirada atónita a la cámara antes de empezar a caer.

        Un bloc de notas virtual, un desahogo flagrante, un orden argumentativo de lo que está bien o mal de que no estés acá, de que no estemos; un corte de luz que de un plumazo lo vuelve nada.

        Eso es, de verdad, la pérdida, no lo que creí que era. Es lo que no tiene remedio, lo que te recuerda que 

                    To martyr yourself to caution
                    Is not gonna help at all
                    'Cause there'll be no safety in numbers
                    When the right one walks out of the door

        
        Eso. Es. La. Pérdida. La subyugación a un orden superior que te ubica en el lugar de insignificancia que tenés por ser humano, un simple mortal; lugar del que todos queremos salir para agregarnos, al menos, un poquito de trascendencia, un gramo de peso a la levedad de nuestro ser.

        La trascendencia, el poseer lo que puede ser perdido: un hotel que tarda más o menos en cobrarte la cuota, un propietario improfesional al que tenés que recordarle cuánto y cuándo le pagas porque si no, cuando se acuerde, te va a cobrar todo junto y mal.

        Pero, ¿es acaso soberbio creer que le puedo ganar a la pérdida? En realidad, ¿creo que le puedo ganar a la pérdida, o es que simplemente estoy dispuesto a perderlo todo una y otra y otra y otra vez, como el ciclo de vida y muerte de Zagreo y Dioniso, para tener en cada renacimiento una historia nueva que contar?

        

        Volveré a desafiar a la pérdida porque mi condición humana no quiere otra cosa, pero espero que esta misma condición que me saca a la calle a morir de nuevo no olvide lo que está intrínseco en su ser y explícito en su nombre, pero que cada vez por lapsos más largos decide ignorar: que es humana.

jueves, 16 de enero de 2025

Defensa de la admiración

            Te miro tanto porque sos hermosa. Porque si fueras un cuadro te miraría una hora entera por día, pero resulta que tenés subjetividad y no sería agradable que mientras seas una persona otro sujeto te estaquee con sus ojos.

            Me despojaría de mi humanidad para poder mirarte ininterrumpidamente sin matar tu naturalidad. Sos hermosísima, y me libro de mi persona, de mis capacidades o posibilidades de hacer algo más con eso.

            Me encantás, nada más y nada menos. Así que ojalá, a partir de ahora, mis ojos ya no le agreguen tantas pesas al esfuerzo de trabajar.

lunes, 13 de enero de 2025

Sueño y palabra

            La comparación con el inglés es fantástica, el pragma capitalista queda en evidencia: el otro como bien, objetivizado, contra la consideración del otro como sujeto. Dreamed of you o dreamed about you, "soñé de vos" como si fueses un objeto, "soñé sobre vos" como si fueses un tema a tratar.

            Yo soñé con vos, estabas ahí. Y lo peor es que ni siquiera estabas, hice aparecer a tu tutor, al que nunca ví, en un negocio en el que estaba de casualidad porque nunca voy, y le pregunté por vos.

            Le hice decir opa, ¡me voy! cuando me presenté como tu ex, y lo primero (y único) que me dijo a posteriori fue que me pedís perdón.

            
            ¿Saber de vos será como hablar con vos? Dado que te conozco tanto, ¿es mi inconciente capaz de ser tan fiable como para saber que, si me cruzo a Fabián, efectivamente va a ser así?

            Será lo infortuito de ese encuentro, pero duermo con paz desde tu disculpa. Y yo, que te tenía sepultada en fosa común, te desenterré para, en un tiempo, promoverte al panteón que te merecés.

martes, 7 de enero de 2025

A. S.

            Ahora entiendo la locura por ella, por qué te deja "pedaleando en el aire": para imitar lo que le hacen los libros que lee.

            Una simple intervención, ella es la irrupción en persona: siempre aparece inoportuna, su propia belleza la hace impropia de su simpatía, de su interés, de su aparente vulnerabilidad.

            ¿Quién es más fuerte: la que no le hace daño nada o la que se nota que le duele y sin embargo la ves pasar, sonreír, dividirte?

            Por fuera de todo estatuto, lejana a toda prevención, impasible a los pronósticos, ella aparece, sonríe, saluda y se va.

jueves, 14 de noviembre de 2024

Adoración al Counter

                    VOLVIÓ TRAIN WACHO


            Ese es mi mood. A veces me pinta volver a pelotudear, cada tanto se reinvienta mi amor por el counter, lo que hizo que me lo tatúe y no me arrepienta.

            El counter se merece el honor de no manguear tu atención en una época en la que todos se cagan a piñas por ser mirados. Un juego que ofrece la paz de poder ausentarse y volver a descubrirlo, en oposición al pensar todo lo que te estás perdiendo, que es lo que pasa con lo demás. Porque en una época repleta de pases de batalla, dodne los juegos pretenden pagarte un sueldo de esclavitud para que juegues tres horas por día para así alcanzar ese skin gratis súper legendario (el decimotercero de ese tipo que regalan en el año, y que cuando lo tengas no lo vas a sentir tan especial porque otros también lo tienen), el counter no te pide nada: apenas te regala una gilada por semana, que la alcanzás con una hora de juego repartida en cualquiera de los siete días, y listo.

            ¿Querés jugar? Joya, jugá. ¿No querés? ESTÁ PER FEC TO. No juegues si no querés hermano, no va a pasar nada.

            El counter no tiene 20 años de antigüedad en vano: es, definitivamente, el único juego multijugador de los mayoritarios que se comporta como adulto, y da a sus usuarios la noción de sujeto. "Your character doesn't get better: YOU get better".

            Es fascinante cómo la mayoría vocal pide a gritos que el counter siga el ritmo de actualizaciones de todos los demás juegos, esperando que, como los demás, el juego les dé una excusa perfecta para abducirse de su existencia seis horas por día. Pretender eso es pretender ir en contra de la propia esencia de este, el único juego asemejado a los deportes tradicionales: CS2 te pone de frente con la angustiosa limitación, la crudísima verdad de que sos una poronga jugando al jueguito, pero es el único que te dice que está perfecto que así sea. 

            Está en cada uno querer escucharlo.

lunes, 3 de junio de 2024

Joy as an act of ressistance

        No nos dimos cuenta de la oscuridad del cielo. Si hubiésemos prestado atención podríamos haber puesto los sillones orientados al balcón (si tuviera sillones) y ver el degradé del celeste, del naranja, del violeta al negro. Ver, paso a paso, un proceso de ¿40?, ¿30 minutos? Tiempo corto para el reloj, tiempo eterno para nuestra percepción afectada por el alcohol y el THC.

          Pero estábamos ocupados tirando dados, comerciando, construyendo poblados, discutiendo. Disfrutando.

          Cuando era chico y no tan chico ví varias veces el salir el sol musicalizado por el ruidito de los cubos de plástico chocando con la mesa, por los gritos y las risas. Volver a eso ya no puede ser, cuando pasas los 24 años acostarte más tarde de las 4 AM es una condena a muerte que se dicta al día siguiente. Pero me sorprendió que el proceso inverso (ver al sol esconderse), sin embargo, sea una reinvención de esa sensación.

           Es triste ponerlo en comparación con la realidad, ahora jugamos en estas vacaciones extendidas, hermosas, en simultáneo: una tarde de domingo en el que todos estábamos libres. A partir de la semana que viene sólo tendremos tiempo libre en común a partir de las 22, cansados por el día laboral y queriendo dejar de existir, como todos los días. Entonces quizá ya no haya ánimos de manejar una ciudad, de comprar terrenos, de prestarle atención al turno del otro. Ojalá que sí, pero seguro que no.

           No es pesimismo. Nuestra vida es esto. Ojalá fuese distinto, pero hasta que se demuestre lo contrario voy a atesorar este hiato en el que los cuatro creímos que la vida podía ser buena.

domingo, 12 de febrero de 2023

Sobre Brunellesco


    
                


                    Madera, qué material más noble. La observo con profundidad, me embobo como siempre. La madera no admite mentiras: si está pintada es porque es mala, sino ella por sí misma, en la naturalidad de sus dibujos y su brillo, se luce. También es la antítesis de la ley femenina: se enorgullece contando, mediante el desgaste de sus bordes y la suavización de sus texturas, su edad verdadera.


                     La madera de la barra confiesa, en el color oscuro, profundo del algarrobo, que lleva más de 50 años exhibiendo medialunas. O eso imagino, bah, porque apenas llevo un año viniendo acá. Suelo imaginarme cosas cuando entro: su presencia me reconforta, me ordena, sus curvas me hipnotizan. Un sorbo de café, otro, y la mirada ahora se concentra en la mermelada patagónica, en la bufanda de Ireland, en la transmisión alemana mostrando en silencio un documental de Rammstein.


                    Adoro viajar mentalmente, ahora que mi vida es un viaje interminable. Todo se mueve y yo estoy quieto, tomando café doble con dos medialunas dulces, escuchando jazz en un bar europeo iluminado en sepia y pensando qué historia me invento hoy.


                    Ruido, casi estruendo atravesando mis oídos. No suele percibirse, pero este móvil fue particularmente ruidoso. Sin pensarlo, por acto reflejo, miro al 35/9 parando afuera, al otro lado del vidrio, ahí donde la luz y la paleta de colores está dominada por el gris del hormigón, el blanco de las fachadas, el metal de la pescadería. En ese solo asomo, un sueño se derrumba, y en la trágica defunción solo una frase lapidaria se me escapa: "cierto, estoy en Rosario".

La habitación de al lado

          Ella vió la señal que habían pactado para cuando pase, y la entendió al instante.  Había quedado con su amiga en que, cuando se ...