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domingo, 19 de abril de 2026

Es eso

No quiero dialectizar el querer verte. Si lo hago se abre una compuerta de angustias que tengo que acotar para poder laburar en paz.

Pero es eso. Este revoltijo, esta laringe estrujada, cerrada, negada a dejar pasar más que un hilo de aire, es eso. Es extrañarte.

Quiero puntualizar, quiero explicar más el echarte de menos, perderme en las especificaciones para dejar(me) en claro que lo que me invade es imposible de definir, pero no tengo tiempo; ya tengo que fichar.

A eso se reduce mi vida.

Por eso también te extraño.

martes, 23 de diciembre de 2025

My fake plastic love

If I could be
Who you wanted
If I could be
Who you wanted 
All the time
All the time

     Cómo me gustaría ser lo que querés. Renunciaría a lo que me hace porque me hicieras. Me correría hacia el costado así pasas por donde estoy, te dejo mi silla para que no toques el suelo. 
     
      Me gustaría que lo que me configura no me hubiera alejado tanto de tu maquinaria, me gustaría que en algún momento me satisficiera un poco lo que sea que me haga más común y gustable, en vez de este envés bohemio encamisado y disonante que soy y que no te hace elegirme, desearme, interesarte.

     No tengo cruceros, no tengo lancha, no tengo bote, no tengo contacto con el río, ni el lago, ni el mar, ni el caribe. No tengo contacto con la ostentación, me quiero ir del kitsch, echo a patadas a mis fantasmas cada vez que puedo. No disfruto de lo simple, más bien disfruto de la complejidad que lo sostiene, entonces me vuelvo más intrincado que lo que pueda ser un snob. Soy dificilísimo, y no te gusto.

     No puedo gustarte.



     - Siempre que idealizás es para suplir una ausencia de ella, algo que no te gusta. Pero no te animás a decirlo, no te animás a romper ese amor, ese hechizo, a decirle que al final no vale tanto la pena: no te animás a decirle que no te gusta tanto. Entonces te ponés en falta para no insultarla , para no rebajar a tamaña mujer que todos ven como un minón y vos tenés el atrevimiento de que no te guste.

     Que ella aparezca ya no tiene el valor de un amor sino de un miramiento, de una validación, de ver si esta vez te tira onda así existís, así decís que podés gustarle a una chica con foto de perfil en un yate. No te gusta tanto. Simplemente significa mucho, pero no significa cosas parecidas al amor




Igual me la re cojería.

viernes, 17 de octubre de 2025

Zanahoria

        Si tuviera los huevos de transcribir las historias que me invento y hacerme cargo de ellas estaría siendo, al menos, un poco reconocido. Porque, ¡hay que tener talento para crear tanto! El ciclo se genera a partir de una estupidez, un futuro hipotético e ínfimo, ingenioso como mi propia mentalidad, que me hace reír. Y me río imaginando que se ríe conmigo. Que reímos juntos como lo hemos hecho tanto, principal motivo de que esa relación sin futuro haya sido relación.

        "Si compra, que compre algo más. Si se quiere probar, que compre. Si le gusta la marca, que se pruebe. Si solo viene a mirar, que le guste la marca. Pero que siempre se lleve algo más que lo que esperaba". Así fue con ella. Ella fue concebida en mi vida como un pique que valía la pena y no era completamente imbécil, entonces fuimos una relación. No estoy enojado con ella porque no haya sido más, ya fue más de lo que debería. Estuvo divertido. Extraño divertirme así.

        Entonces cuando recuerdo las risas quiero recrearlas, no quiero reírme solo. La imagino, porque estoy aburrido y no pasa lo que quiero, escribiéndome este 31/10, el día que nos pusimos de novios pero 365 días antes. La imagino deseándome un feliz halloween, tapando con ese mensaje tan casual una montaña de subtexto, de historia, de vida, de palabras ahogadas. Porque, además, ella es de esas personas que podría desearte feliz halloween como en las películas de Disney, hasta incluso podría decirte "feliz 4 de julio". Y esa posibilidad le daría más subtexto, más ambigüedad, a un mensaje ya de por sí fantástico. 

        En ese hipotético futuro en el que me vuelve a hablar, le agradezco, le pongo su apodo repitiendo tres veces la última vocal para expresar alegría por su mensaje, y en un segundo envío le pregunto si quiere venir a jugar al dulce o truco a casa. Sin intermediaciones, sin cómo estás, sin protocolos: al hueso. Como lo fuimos. 

        Por eso fuimos. 

        Conjugación en pretérico perfecto, suceso perfectamente terminado, pero suceso en fin: ocurrió. Inconscientemente se entiende a ese "fuimos" con énfasis en lo que se acabó, mas lo emito distinto: si no hubiéramos ido al hueso no habría pasado nada. Elijo el haber sido antes que el podría. La elijo en mi vida en esta forma etérea de inspiración infructuosa, de ausencia y presencia, de recuerdo de Schrödinger, en esto que somos ahora. 

        Elijo imaginar que la hago reír con esa respuesta tan rápida y tan mía, tan de confianza, y que me dice que sí (también elijo en este escrito cambiar todas las evocaciones a ella a una tercera persona, porque ya no quiero hablarle si no me va a responder. Pero que conste: sigo, en algún momento de la transcripción, hablándole a ella). Y ubico a esa memoria que elegí, a esa memoria que nunca sucedió,  en la punta de la caña de pescar que me até a la espalda apuntando hacia el frente. Mi zanahoria me llevará con vida y esperanza a ese 31/10 en el que no pasará absolutamente NADA. Y ese día me daré cuenta de que la sigo esperando, aunque mi habitualidad esté bien. Sigo esperando un gesto de ella. Me daré cuenta, como me estoy dando cuenta ahora.

        Qué ridículo es este tipo de desamor.

        Qué ridículo es este tipo.

lunes, 25 de agosto de 2025

La luz

    Pánico, anhelo, intriga. Lo de siempre cada vez que enfilo mi trayectoria para acá. A veces, bah, siempre que soy consciente de mi camino, acomodo mi ruta por otras calles; quizá sea un poco más engorroso, ralentice mi llegada, pero comparo esa molestia con el dolor de pasar por acá y termina siendo preferible.
    
    Aunque hay veces en que la posición estratégica de tu casa y las capas de gasa que el tiempo le pone a las heridas hacen que olvide todos los protocolos, y así termino, de distraída que soy, pasando por tu esquina (aunque no seas su poseedor, el venir a verte implicaba naturalmente llegar por acá, así que cuando paso pienso en vos. Al menos en mi mente, esta esquina es tuya).

    Cuando avanzo por la avenida confundo qué tan metafórica es la realidad. Para ver cualquier balcón en específico del centro en una cuadra en perpendicular hay que llegar hasta la encrucijada, porque tristemente las calles de este lugar se sienten como fosas que a cada lado tienen murallas habitables de diez u once pisos de alto. Pero llegando a tu esquina la altura se hace un claro gracias al patio de la facultad, y entre todos los departamentos ubicados frente a él puedo ver tu balcón. El balcón del único ser que prende la luz de afuera cuando se hace de noche. El balcón donde fumábamos, el balcón donde nos abrazábamos fuerte para no sentir el frío, el balcón donde te dejé por primera vez. Mi parte favorita de tu casa.

    Todas las noches que, sin querer, paso por tu esquina, termino mirando para allá, por encima de mi hombro izquierdo, elevando el ángulo que se forma con la reja del patio de la facultad. Pero esta vez la luz estaba apagada. Y tu departamento se perdía entre todos los departamentos, fue un bloque oscuro de cemento más. No lo encontré, y a simple vista incluso me costaba distinguir a tu edificio del cielo convertido en negro.

    Paré la moto y me senté en la vereda del supermercado para encontrar tu lugar. También para encontrarme a mí: ¿cuánto de anhelo hay en estos accidentes? ¿Qué queda de mí si, ahora que está la luz apagada, cotejo la posibilidad de que puedas haberte mudado y de que ese balcón pertenezca a alguien más, un otro que ignora toda nuestra historia y por ignorarla solo ve mugre y colillas de cigarrillo, o tucas de porro, a las que hay que tirar a la basura urgentemente?

    Y así entiendo que no me animo a dejarte ir. No quiero volver normal esto. No quiero que nuestro pasado vuelva todo sepia, que unifique los colores, que relativice cada sentimiento de dolor y de amor ignorando la magnitud que tiene ahora y que es menor que la que tenía hace unos meses.

    IRRUPCIÓN. Se detiene mi soliloquio, mis palabras, mi corazón. 

    El balcón se iluminó. 

    De repente mis ojos apuntan exactamente a la luz cálida en un ángulo a 60° del piso, veo tu maceta deprimente colgando de la baranda. 

    Llegaste a casa. 

    Llegaste más tarde. 

    Seguís vivo. 

    Sin mí. 

    Seguís prendiendo la luz del balcón apenas llegás. 


    No entiendo cómo seguís siendo sin mí.



    No veo la hora de que pongan un edificio en este patio de mierda.

jueves, 1 de mayo de 2025

No estás

        ¿Cómo hago para llorar? Tengo una mujer atravesada en mi garganta, que no es una mujer sino mi novia, que no es mi novia sino alguien a quien pertenezco y que no me tiene. No hay canción que alcance, todas tienen ocupado su cupo de llanto, tienen a su identificación marcada con el sello de la tristeza curada, y ahora el arte me deja solo con este dolor que no conozco. 

Necesito que estés acá para llorar, para llorar con vos, pero justamente quiero llorar porque no estás. Nunca estás. No te puedo pedir nada, no te puedo ofrecer nada, no necesitás nada de mi, no me das nada. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que te moleste la obligación de ser novios? ¿Cuánta tolerancia te va a rebalsar para que ya no quieras salir de tu rutina para visitarme en mi asilo? ¿Qué va a ser lo que tapie la única ventana que te queda para verme? Porque entraste muchas cosas nuevas a tu casa y tu casa no puede crecer, el espacio es el mismo, y a las cosas nuevas las necesitás. Y un día voy a ir a visitarte y voy a encontrar mi ropa en el marco de la ventana porque no me vas a tirar a la calle pero te urge tener más lugar en el ropero. 

Te vi hacer tu camino, fuimos dos pavimentando tu calle, ese lugar al que odiabas llegar. ¿Te acordás de que no tenías ni un espejo en tu casa porque odiabas verte? Yo estaba ahí. Y estuve cuando te animaste a tener uno. Y me puse feliz por verte así. Te quisiste hacer un tatuaje que llegaba hasta tu mano, sabías que iba a quedar bien pero no sabías si el mundo te iba a cerrar la puerta, y me aseguré de que sepas que pase lo que pase al menos yo iba a estar ahí. Y te encantó el resultado. Y me puse feliz por verte así. Quisiste arrancar la carrera que querías estudiar, darte otra oportunidad de encontrarte, pero no sabías si te iba a dar el tiempo para todo, y me aseguré de que puedas contar conmigo. Y ahora amás ese espacio nuevo, amás lo que estudias, y estoy recontra feliz por vos. 

Ahora estás radiante, hermosísima, completamente feliz, y sin mí en ningún lado. ¿Y qué iba a hacer yo? ¿Ponerme como protagonista de algo en tu vida para asegurarme de que no me desplaces? ¿Pedirte que me hagas una gruta en la vereda para que me reces todos los días? Quise hacer cosas por mí porque hay vida más allá de vos, es cierto, y ahora hago deporte, tengo amigos de nuevo, escribo, hago música, pero seguís sin aparecer. Yo soy más feliz, pero sigo sin vos. Creí que así no iba a pensar tanto en vos, pero confundí el problema. El problema no es pensar mucho en vos, el problema es que ya no estás. Y encima no puedo llorar.

Ya no tengo lugar en tu vida, ¿y ahora qué mierda hago?

viernes, 14 de febrero de 2025

La pérdida

        Eso, en realidad, es la pérdida. Lo que te deja perdido. Vivir en una caricatura en la que súbitamente te quitan el suelo y quedás parado en el aire, sin más que hacer que echarle una mirada atónita a la cámara antes de empezar a caer.

        Un bloc de notas virtual, un desahogo flagrante, un orden argumentativo de lo que está bien o mal de que no estés acá, de que no estemos; un corte de luz que de un plumazo lo vuelve nada.

        Eso es, de verdad, la pérdida, no lo que creí que era. Es lo que no tiene remedio, lo que te recuerda que 

                    To martyr yourself to caution
                    Is not gonna help at all
                    'Cause there'll be no safety in numbers
                    When the right one walks out of the door

        
        Eso. Es. La. Pérdida. La subyugación a un orden superior que te ubica en el lugar de insignificancia que tenés por ser humano, un simple mortal; lugar del que todos queremos salir para agregarnos, al menos, un poquito de trascendencia, un gramo de peso a la levedad de nuestro ser.

        La trascendencia, el poseer lo que puede ser perdido: un hotel que tarda más o menos en cobrarte la cuota, un propietario improfesional al que tenés que recordarle cuánto y cuándo le pagas porque si no, cuando se acuerde, te va a cobrar todo junto y mal.

        Pero, ¿es acaso soberbio creer que le puedo ganar a la pérdida? En realidad, ¿creo que le puedo ganar a la pérdida, o es que simplemente estoy dispuesto a perderlo todo una y otra y otra y otra vez, como el ciclo de vida y muerte de Zagreo y Dioniso, para tener en cada renacimiento una historia nueva que contar?

        

        Volveré a desafiar a la pérdida porque mi condición humana no quiere otra cosa, pero espero que esta misma condición que me saca a la calle a morir de nuevo no olvide lo que está intrínseco en su ser y explícito en su nombre, pero que cada vez por lapsos más largos decide ignorar: que es humana.

jueves, 16 de enero de 2025

Defensa de la admiración

            Te miro tanto porque sos hermosa. Porque si fueras un cuadro te miraría una hora entera por día, pero resulta que tenés subjetividad y no sería agradable que mientras seas una persona otro sujeto te estaquee con sus ojos.

            Me despojaría de mi humanidad para poder mirarte ininterrumpidamente sin matar tu naturalidad. Sos hermosísima, y me libro de mi persona, de mis capacidades o posibilidades de hacer algo más con eso.

            Me encantás, nada más y nada menos. Así que ojalá, a partir de ahora, mis ojos ya no le agreguen tantas pesas al esfuerzo de trabajar.

lunes, 13 de enero de 2025

Sueño y palabra

            La comparación con el inglés es fantástica, el pragma capitalista queda en evidencia: el otro como bien, objetivizado, contra la consideración del otro como sujeto. Dreamed of you o dreamed about you, "soñé de vos" como si fueses un objeto, "soñé sobre vos" como si fueses un tema a tratar.

            Yo soñé con vos, estabas ahí. Y lo peor es que ni siquiera estabas, hice aparecer a tu tutor, al que nunca ví, en un negocio en el que estaba de casualidad porque nunca voy, y le pregunté por vos.

            Le hice decir opa, ¡me voy! cuando me presenté como tu ex, y lo primero (y único) que me dijo a posteriori fue que me pedís perdón.

            
            ¿Saber de vos será como hablar con vos? Dado que te conozco tanto, ¿es mi inconciente capaz de ser tan fiable como para saber que, si me cruzo a Fabián, efectivamente va a ser así?

            Será lo infortuito de ese encuentro, pero duermo con paz desde tu disculpa. Y yo, que te tenía sepultada en fosa común, te desenterré para, en un tiempo, promoverte al panteón que te merecés.

martes, 7 de enero de 2025

A. S.

            Ahora entiendo la locura por ella, por qué te deja "pedaleando en el aire": para imitar lo que le hacen los libros que lee.

            Una simple intervención, ella es la irrupción en persona: siempre aparece inoportuna, su propia belleza la hace impropia de su simpatía, de su interés, de su aparente vulnerabilidad.

            ¿Quién es más fuerte: la que no le hace daño nada o la que se nota que le duele y sin embargo la ves pasar, sonreír, dividirte?

            Por fuera de todo estatuto, lejana a toda prevención, impasible a los pronósticos, ella aparece, sonríe, saluda y se va.

jueves, 17 de octubre de 2024

Formalismos

     Te amo con la fugacidad del tiempo que nos queda. Cuando nos vemos disfruto todo, porque ya termina. Cuando no estás no quiero verte porque no vamos a construir nada más allá de esto. Lo disfruto porque es una joda, me alejo porque no se puede vivir así.

     El tiempo con vos es lo más, pero hay algo en esas palabras de amor que no te sale nombrar que me rechaza: no quiero ponerle más tablones a estas paredes sin tirantes.

(...)

      (...) Y un día, conmigo solo en el estadío de recuerdo, vas a hablar de mí y te vas a dar cuenta de que tendrás que referirte a mí como tu ex. En ese momento aparecerá la realización de que no solo fuimos novios, sino de todo lo que teníamos con nosotros.

jueves, 21 de marzo de 2024

Detesto estar enamorado

Veo dulzura en sus ojos negros, y una belleza que jamás vi. Veo paz en su actitud caótica, inesperada, tan inesperada como que me dirija la palabra. 

Es esa ternura que la rodea lo que me captura. Puedo ver un mundo con ella, pero su estatus de diosa sobre la tierra me hace preguntarme realmente si otra vez mi percepción me está engañando.


Detesto estar enamorado. Porque me va a hacer mierda.


Trato de simular que sos el motivo más importante de mi emoción por mi cumple. Intenté ocultar que cuando supe que ibas a ir apreté el puño en señal de festejo. No pregunto por vos, porque nombrarte va a abrir las puertas de todo lo que siento, y ruego que nadie hable sobre vos, porque va a ser un dique al que, de la nada, le vuelan la pared.

Y sos tanta mujer, sos tan imposible, que tengo ganas de hacer todo lo que quiero lograr. Quiero tener una banda, quiero grabar mi disco, mejorar mis composiciones, quiero escribir, todo solo para merecerte.


Desde que sé que existo para vos camino por una lámina de vidrio a 50 metros de altura.

lunes, 9 de octubre de 2023

Graniza

            Un granizo tupido, denso, insistente, cae ininterrumpidamente desde el viernes. Cada bloque de hielo tiene su forma única, su velocidad; cada uno venció una resistencia aerodinámica distinta. Algunos impactaron en el pavimento, nadie les prestó atención: sería incomprobable, por su intrascendencia, que alguna vez hayan existido, si no fuese por los cientos de lunares blancos que recubren el suelo junto a ellos. O si no fuese, también, por los perdigones del cielo que destruyen vidrios, que dejan su huella, previo a derretirse, evaporarse, y fingir que nada sucedió.

            

            Desde el viernes que miro el cielo, busco la nube negra. Desde el viernes que siento que me persigue. Está apuntando a mí, y no, no es de narciso, no es de paranoico, no me creo el actor principal de esta, nuestra, existencia. Es sólo que en la calle no puedo disimular mi angustia al ver las piedras caer frente a mí, escucharlas impactar a mis espaldas. La gente podrá ver mi cara de terror, pero en cada rostro que se atraviesa no veo más que normalidad.

            

            ¿Acaso no graniza para ellos? ¿Acaso no padecen la misma lapidación de la que quiero escapar? ¿Cómo es que salen a la calle y pueden hacer su vida sin que un pensamiento les pegue un piedrazo, o le apunte y erre por poco? Porque desde el viernes que los cascotes me persiguen en la vereda, adentro del departamento, o en los descansos en el trabajo. Desde hace cuatro días que esquivo piedras mientras tengo que simular normalidad, porque ya constaté que solo en mi mundo hay precipitaciones, que es mi mundo el que se precipita.

            
            Y hay momentos en los que me harto, me canso de ese desprecio del cielo en el que me convertí, y me dan ganas de devolver una piedra, una sola, aunque la gravedad se me ría en la cara.


    
            Pero la gravedad es otra cosa. La gravedad es ver en cada piedra, revisar una y cada una, y ver en ellas tu nombre.

lunes, 5 de junio de 2023

La próxima


        Está cantado. La práctica hace al maestro, pero nunca te dicen cuándo te entrega el título. ¿Cuánta práctica es necesaria para avanzar? El chico parece estar a merced de la arbitrariedad, o de la crueldad, del viejo Peugeot 405 que quiere aprender a pilotar.  

        Cuando te dicen para aprender a manejar, uno imagina girar el volante, meter cambios en el momento indicado e incorporar la sensibilidad del acelerador, y pasa por alto que, antes que todo eso, el auto tiene que querer salir. Así que ahí está el pobre diablo, girando la llave otra vez y acelerando con el embrague presionado al mismo tiempo. 

        El auto se desliza despacio por el asfalto, toma lentamente el valor de afrontar la empinada subida en la que está, e induce al joven a una renovada galaxia de ilusiones. Porque en este momento, en el que olvidó que la vecina de enfrente puede estar riéndose al otro lado de la ventana, en este horario justo y estudiado en el que la de la esquina, su amor no correspondido, vuelve de handball, y en esta única hora en la que su madre puede enseñarle a manejar y que ya se está por evaporar, su mundo se reduce a que el auto arranque. 

        Pensando en la inconmensurable simultaneidad de eventos se da cuenta de que el Peugeot está más cerca que nunca de, finalmente, pasar a la primera marcha. Es materialmente, peligrosamente, posible, probable. Acelera despacio, con suspenso. 

        Un estruendo sacude al piloto hacia adelante, hacia atrás, y a la nueva ilusión hacia el suelo. Abruptamente el bólido se detiene. Por fuera demuestra desilusión, por dentro grita "la puta madre". "Bueno, casi. La próxima seguimos, no te preocupes", le dice su copiloto, que abre la puerta y baja. El novato asiente tímidamente, y sin despegar sus manos del volante exhala de forma sonora. 

        "La próxima me va a salir. Ya estuve cerca cuatro veces, pero la próxima va a salir". Se enoja por los intentos infructuosos, para luego relajarse recordando la tranquilidad con que su madre cerró la clase. Enseguida recae en que ella nunca se puso el cinturón de seguridad: ¿Acaso nunca confió en que iba a arrancar? No tendría que ser tan dramático, lo sabe, falta mucho para que, con él al volante, pueda suceder un accidente a una velocidad considerable, pero en esta ausencia de respuestas y en la incógnita del porvenir cualquier hipótesis, sobre todo las derrotistas, se materializan mientras se apartan de la realidad. Por esta vez, ya cansado, les da un portazo tras cerrar la puerta del auto, y dice en voz alta, con un suspiro mezclado entre su sonoridad, "la próxima será".




        Estamos, tras tanta espera, juntos. Hay oscuridad de noche en las cuadras, hay luces sepias en el barrio, y veinte personas amontonadas alrededor de nosotros, contiguos a la garita de colectivo. Los dos parados, uno al lado del otro, vos contándome de tu día. Te miro hablar, me quedo mirándote los labios, y siento como mi cuerpo se desliza lentamente por el aire, toma el valor de afrontar lentamente la subida en la que está metido, en la que yo lo metí y el me metió, y la parada se transforma en una galaxia lejana, que se desgrana en tanto y en cuanto mi mundo y mi existencia están cerca tuyo. 

        Aunque esté al volante de mi vida, y sea que tome la decisión de intentarlo o que prefiera reservar las energías anímicas, estoy entregado a la arbitrariedad de mi cuerpo, de los hechos, de tu preferencia, para saber si puedo poner primera o no. Y en este preciso instante en el que las subordinadas que invadieron tu diálogo concluyeron, en que el silencio domina este mismo espacio en el que veinte sujetos hablan a la vez, percibo como mi ser está más cerca que nunca de, finalmente, pasar a la primera marcha. Es materialmente, peligrosamente, posible, probable.

        El cole ya partió, vos ya te subiste. La llegada del 153 fue un estruendo que me sacudió hacia todas las direcciones menos hacia arriba, justo cuando creí que estaba más cerca que nunca. ¿Habrá sido un delirio? ¿Habré estado equivocado? ¿Acaso estuve cerca, o fue porque sabías lo lejos que estoy de arrancar que no tenías puesto el cinturón de seguridad?

        El celeste característico desapareció un par de cuadras más allá. Las personas reaparecen, ahora son sólo cinco. Miro lo que falta para que pase el próximo colectivo, ahora que decidí no tomarme el mismo que vos aunque me deje a una cuadra de mi casa. Asumo que tendré que estar diez minutos más acá parado, y mirando las hojas que se mezclan en el negro del cielo nocturno, digo en voz baja, con un suspiro mezclado entre la sonoridad de mis palabras, "la próxima será".

martes, 25 de abril de 2023

Orgánico

             ¿Será por su encanto? ¿O porque todavía no me di cuenta de que no me gusta? ¿O es que me encanta y me da pánico pensar en el más allá, en el cómo? 


                No sé el motivo, pero no puedo imaginarla eróticamente. Sólo quiero abrazarla, toda la noche si es posible, y quiero tener su pelo debajo de mi nariz, escucharla respirar encima de mi pecho, y acariciarle la cabeza para que duerma en paz. Quiero abrazarla fuerte y cagar a piñas al que la quiera molestar.


                Todo mientras seguimos siendo amigos, todo mientras desconozco el sabor de su boca.


            Quizá si expreso mi atracción por otra enfrente de ella le llamo la atención y se la juega, quizá así origino un lance, o quizá mejor invento alguna excusa para verla de nuevo... Pero ya no tengo ganas, no quiero idear estrategias: la única forma de que salga algo bueno con ella (amistad u onda) es que lo que sea sea genuino, orgánico.



                Quiero dormir con vos de nuevo. Quiero enamorarme otra vez de vos, como cuando estabas acostada al lado mío, arreglando la cama, y yo estaba mirando el tornillo fijamente, entendiendo lo cerca que estaba el peligro de embobarme mirándote.


                Quiero abrazarte toda la noche. Es lo único que sé.

miércoles, 5 de abril de 2023

Santuario

             No puedo creer que nos hayamos separado. Es ver cada cosa y encontrar un pelo tuyo atado ahí, en el ojal de la camisa, en la suela del zapato, en el recuerdo en la Florida.



            No puedo creer que nos hayamos separado. A veces parece que sí, pero no es un avance sino una puesta en pausa. Sino no funciono. Se me vuelan todos los dientes del engranaje, y el mundo no le va a pagar el sueldo a alguien por quedarse acostado extrañándote. Así que me suspendo y hago la vista gorda ante todos los pelos tuyos que encuentro en las cosas, tanto en las reales como en las que veo.



            No puedo creer que nos hayamos separado. No puedo creer que el peluche esté acá, que Mapache me vea llorar todos los días, que puedo escuchar su vocecita preguntándome qué me pasa, y cuándo te va a ver de nuevo. Ahí está, inamovible, apoyado en la pared junto al retrato suyo que dibujé y te regalé, y que no entiendo por qué está acá. Pero ahí están, Mapache y su retrato. Los dos juntos son tu santuario, son un taser que me detiene en seco, y que cada vez que entro a la pieza me grita y me tengo que detener a rezarle, a llorarle, a decirle que te extraño.



            No puedo creer que nos hayamos separado. Por eso armé el santuario.

            Para creerlo.

viernes, 31 de marzo de 2023

Ilusión (o espera)

            No quería que me conquistes, ni que me busques enloquecida. No sé si me gustaría verte corriendo, vernos corriendo. Prefiero no imaginarme hablándote todas las noches. 

            
            No quería palabras especiales, no quería migas de tu atención, no quería que todo sea como lo imaginaba.

            
            No quería invitarte a dormir, no quiero que nos enamoremos, no quería hacerme la cabeza pensando en nuestro futuro, no quería amargarme el día con un corazón roto, ni llegar a esta casa desamoblada con ganas de escribirte algo. 

            
            No quería llenar tu ausencia pensando en otra, ni fingir que no me importás.




            Sólo quería que me elijas.

jueves, 30 de marzo de 2023

El éxito

            ¿Podés creer?  Estoy acostado mirando el techo de mi casa.


            Que no es casa. No es nuestra casa. 


            Es mi casa.


            Escuchar música tranquilo (porque ya tengo abono en el celular), mirar por las ventanas (porque tanto en el balcón como en la ventana de la pieza tengo una vista preciosa), pensar en música, escribir, salir con amigos...


            Todo se transformó, se agrandó, ocupó dinámicamente, como un globo que se expande por todo el espacio que las paredes le dejan, mi vida y mi tiempo.


            Y me va re bien en el laburo. Y siento que me merezco lo que tengo. Y no me conformo. Y amo. Y río, sin obedecer al kitsch del momento.


            Estoy bien.


            Estoy tan bien, tan en paz, que a veces me doy, me puedo dar, el lujo de acostarme a mirar el techo y escuchar música. Y entonces, en paz, sin tener urgencias que cubrir, sin tener nada que me quite el sueño, te pienso y digo que no puedo creer que nos hayamos separado.

lunes, 6 de marzo de 2023

La lanza

             (...) te podría haber hecho reír. Te podría dar un amor gigante. Podríamos haber hablado de psicoanálisis, ponele. Te habría escuchado con fascinación en lo que sea que cuentes, ese misterio que guardas y que desconozco. Hubiera sido genial.


            Porque los dos nos gustamos.


            No me habría cansado nunca de decirte lo hermosa que sos.


            Estaba dispuesto a morir por esto. Hasta me imaginé enganchados, y vos preguntándome cuánta seriedad puede tener mi amor si recién me separé. Y me imaginé diciéndote que sí, que en algún momento iba a sufrir un lanzazo que me atraviese la espalda y el corazón, pero que estoy dispuesto a comérmelo por vos, si es que querés quedarte, y que si te vas lo entendería, y si sigo vivo después del lanzazo te amaría por siempre. 


            Y bueno... Si el lanzazo me mata, mi muerte habrá valido la pena. Porque definitivamente me muero por vos.


            Pero me descartaste. Cómo duele, taladra, aniquila.

domingo, 5 de marzo de 2023

Campanazo

             Sonó una campana y me sobrevino verte feliz. 


             La noche. 


             Las noches volviendo de El Cairo, esas en las que la iglesia, abruptamente, señalaba una nueva hora y daba inicio a la magia de la fantasía, a la hora de los cuentos.


             Todas las calles duelen el doble. A las obvias las tolero, estoy preparado para pasar por donde viví y fingir que la cuadra me da lo mismo. pero hoy doblé en Sarmiento y mi interior quedó vacío de voluntad, se redujo a cenizas escuchándote contarme que esa era tu calle favorita.


             Este campanazo me hizo recordar que no estoy preparado para olvidarte, para enamorarme, para buscar a alguien. Que es impredecible lo mucho que te amo, que todavía me encantaría que haya sido distinto, que todavía me duele la neurosis de verte feliz. Odio la necesidad de hacer de tipo duro sabiendo que tu percepción atraviesa toda máscara y que mis neuronas, mis ganas y mi tracción están anudados a tus mañas, a tu belleza, a tus palabras.


            Me muero de ganas de ir más allá de vos. Pero no puedo, no es momento tampoco. 


            Nunca será momento. Simplemente ocurrirá.


            Hasta ese entonces, juego a imaginarme que sos fácil de reemplazar, en esos momentos en que mi ansiedad por ver a Liza resuena en todo el barrio y, sin embargo, solo queda la frialdad de la leve existencia.

sábado, 21 de enero de 2023

La de enfrente/2


    
            



                Desde que volví, es decir, recién comenzado el 2023, la persiana no volvió a abrirse. Y su ausencia me demostró mi ausencia propia, la falta de propósito en mis cosas que se acrecentó cuando me quedé sin laburo. De la nada, todos los días era mirar enfrente, al otro lado de la calle, para ver si ella volvió. Y nunca volvía.


        Me preguntaba todos los días si se habría mudado, y enseguida me respondía que no, que los sillones todavía estaban, se los hubiera llevado. "¿Y si se fue y quedaron como propiedad del departamento? Ya van tres semanas sin verla", y en esa incógnita imposible de resolver se quedaba mi intriga total por la ventana de enfrente, la habitante que me entretenía todos los días, la seducción de lo desconocido que se apoderaba de mi ahora intrascendente vida.


        No registré mi obsesión por ella hasta que vi, al fin, la ventana abierta. La persiana levantada, tras semanas de estar velando el interior del departamento de dos ambientes, ese departamento cuyo living/cocina se observa con totalidad desde el mío, y cuyo pasillo de ingreso a su pieza me mostró de pura casualidad su cuerpo desnudo saliendo de la ducha. Porque eso fue lo último que vi de ella: su cuerpo delgado, su presencia imponente, su cabello oscuro enhebrado entre sí con la típica consistencia del pelo largo mojado, y su cola desnuda, todo marchando hacia su pieza sin ninguna toalla, sin interrupciones, sin vergüenza. Y la vi girar hacia la derecha, noté sus pezones pequeños, erectos, noté que no supo que la vi, entendí que se metió a su pieza a vestirse, y eso fue la única vez en los próximos 21 días que encontré su color. 


        Y recién ahora recuerdo cómo, las tres semanas de larga incógnita, mi mente se debatió ininterrumpidamente si lo hizo a propósito, queriendo que por alguna de las grandes casualidades la vea o si, al ver que en el departamento de enfrente parecía no haber nadie, se sintió segura de no complicarse la salida del baño. Y ella, sin saberlo, cruzó de la ducha a la pieza en el preciso instante (lo juro) que atiné a juntar la ropa que estaba colgada en el tender del balcón. Tampoco supo ella que, si bien se habrá apartado de Rosario las tres semanas siguientes, no salió en ningún momento de la mente de su vecino, que la traía a la ciudad cada vez que un minuto parecía muerto. 


        Pero ya volvió. Ya está acá. Cuando me aburría durante su ausencia, me sentaba a desafiar la incógnita que tuve desde que se estableció en su nuevo hogar, a mirar, fija, larga y tendidamente la estructura de su departamento y pensar en lo que ella estaría haciendo. Pero volvió, y ahora no puedo parar de mirar enfrente. No puedo parar de incomodarla. No puedo notar su presencia y no intentar mostrarme, aparecer para ella, sacarme de la cabeza la tentación de mirarla y las ganas de, al fin, poder admirarla entera, conocerla de vista, saber cómo es. 


Sé que lo nota. Porque las mujeres notan todo, y porque entre lo evidentes que somos los hombres soy el hombre más obvio que existe. Al ritmo que cae la persiana cada vez que la cierra, una apisonadora me aplasta el corazón acompañando el movimiento del plástico color marfil, y me paso las próximas jornadas sintiéndome un acosador y luchando conmigo para convencerme de que no la cerró por mí, que no todo pasa por mí. Pero sé, estoy seguro, de que lo nota.


Yo me mato pensando todos los días. Ella se apronta, cierra la persiana y se va a trabajar.

La habitación de al lado

          Ella vió la señal que habían pactado para cuando pase, y la entendió al instante.  Había quedado con su amiga en que, cuando se ...