viernes, 17 de octubre de 2025
Zanahoria
jueves, 2 de octubre de 2025
el día después
domingo, 3 de agosto de 2025
El niño
jueves, 1 de mayo de 2025
No estás
jueves, 16 de enero de 2025
Defensa de la admiración
lunes, 13 de enero de 2025
Sueño y palabra
jueves, 23 de mayo de 2024
Ahora que estoy borracho
jueves, 21 de marzo de 2024
Detesto estar enamorado
martes, 25 de abril de 2023
Orgánico
¿Será por su encanto? ¿O porque todavía no me di cuenta de que no me gusta? ¿O es que me encanta y me da pánico pensar en el más allá, en el cómo?
No sé el motivo, pero no puedo imaginarla eróticamente. Sólo quiero abrazarla, toda la noche si es posible, y quiero tener su pelo debajo de mi nariz, escucharla respirar encima de mi pecho, y acariciarle la cabeza para que duerma en paz. Quiero abrazarla fuerte y cagar a piñas al que la quiera molestar.
Todo mientras seguimos siendo amigos, todo mientras desconozco el sabor de su boca.
Quizá si expreso mi atracción por otra enfrente de ella le llamo la atención y se la juega, quizá así origino un lance, o quizá mejor invento alguna excusa para verla de nuevo... Pero ya no tengo ganas, no quiero idear estrategias: la única forma de que salga algo bueno con ella (amistad u onda) es que lo que sea sea genuino, orgánico.
Quiero dormir con vos de nuevo. Quiero enamorarme otra vez de vos, como cuando estabas acostada al lado mío, arreglando la cama, y yo estaba mirando el tornillo fijamente, entendiendo lo cerca que estaba el peligro de embobarme mirándote.
Quiero abrazarte toda la noche. Es lo único que sé.
jueves, 30 de marzo de 2023
El éxito
¿Podés creer? Estoy acostado mirando el techo de mi casa.
Que no es casa. No es nuestra casa.
Es mi casa.
Escuchar música tranquilo (porque ya tengo abono en el celular), mirar por las ventanas (porque tanto en el balcón como en la ventana de la pieza tengo una vista preciosa), pensar en música, escribir, salir con amigos...
Todo se transformó, se agrandó, ocupó dinámicamente, como un globo que se expande por todo el espacio que las paredes le dejan, mi vida y mi tiempo.
Y me va re bien en el laburo. Y siento que me merezco lo que tengo. Y no me conformo. Y amo. Y río, sin obedecer al kitsch del momento.
Estoy bien.
Estoy tan bien, tan en paz, que a veces me doy, me puedo dar, el lujo de acostarme a mirar el techo y escuchar música. Y entonces, en paz, sin tener urgencias que cubrir, sin tener nada que me quite el sueño, te pienso y digo que no puedo creer que nos hayamos separado.
lunes, 6 de marzo de 2023
La lanza
(...) te podría haber hecho reír. Te podría dar un amor gigante. Podríamos haber hablado de psicoanálisis, ponele. Te habría escuchado con fascinación en lo que sea que cuentes, ese misterio que guardas y que desconozco. Hubiera sido genial.
Porque los dos nos gustamos.
No me habría cansado nunca de decirte lo hermosa que sos.
Estaba dispuesto a morir por esto. Hasta me imaginé enganchados, y vos preguntándome cuánta seriedad puede tener mi amor si recién me separé. Y me imaginé diciéndote que sí, que en algún momento iba a sufrir un lanzazo que me atraviese la espalda y el corazón, pero que estoy dispuesto a comérmelo por vos, si es que querés quedarte, y que si te vas lo entendería, y si sigo vivo después del lanzazo te amaría por siempre.
Y bueno... Si el lanzazo me mata, mi muerte habrá valido la pena. Porque definitivamente me muero por vos.
Pero me descartaste. Cómo duele, taladra, aniquila.
sábado, 21 de enero de 2023
La de enfrente/2
Desde que volví, es decir, recién comenzado el 2023, la persiana no volvió a abrirse. Y su ausencia me demostró mi ausencia propia, la falta de propósito en mis cosas que se acrecentó cuando me quedé sin laburo. De la nada, todos los días era mirar enfrente, al otro lado de la calle, para ver si ella volvió. Y nunca volvía.
Me preguntaba todos los días si se habría mudado, y enseguida me respondía que no, que los sillones todavía estaban, se los hubiera llevado. "¿Y si se fue y quedaron como propiedad del departamento? Ya van tres semanas sin verla", y en esa incógnita imposible de resolver se quedaba mi intriga total por la ventana de enfrente, la habitante que me entretenía todos los días, la seducción de lo desconocido que se apoderaba de mi ahora intrascendente vida.
No registré mi obsesión por ella hasta que vi, al fin, la ventana abierta. La persiana levantada, tras semanas de estar velando el interior del departamento de dos ambientes, ese departamento cuyo living/cocina se observa con totalidad desde el mío, y cuyo pasillo de ingreso a su pieza me mostró de pura casualidad su cuerpo desnudo saliendo de la ducha. Porque eso fue lo último que vi de ella: su cuerpo delgado, su presencia imponente, su cabello oscuro enhebrado entre sí con la típica consistencia del pelo largo mojado, y su cola desnuda, todo marchando hacia su pieza sin ninguna toalla, sin interrupciones, sin vergüenza. Y la vi girar hacia la derecha, noté sus pezones pequeños, erectos, noté que no supo que la vi, entendí que se metió a su pieza a vestirse, y eso fue la única vez en los próximos 21 días que encontré su color.
Y recién ahora recuerdo cómo, las tres semanas de larga incógnita, mi mente se debatió ininterrumpidamente si lo hizo a propósito, queriendo que por alguna de las grandes casualidades la vea o si, al ver que en el departamento de enfrente parecía no haber nadie, se sintió segura de no complicarse la salida del baño. Y ella, sin saberlo, cruzó de la ducha a la pieza en el preciso instante (lo juro) que atiné a juntar la ropa que estaba colgada en el tender del balcón. Tampoco supo ella que, si bien se habrá apartado de Rosario las tres semanas siguientes, no salió en ningún momento de la mente de su vecino, que la traía a la ciudad cada vez que un minuto parecía muerto.
Pero ya volvió. Ya está acá. Cuando me aburría durante su ausencia, me sentaba a desafiar la incógnita que tuve desde que se estableció en su nuevo hogar, a mirar, fija, larga y tendidamente la estructura de su departamento y pensar en lo que ella estaría haciendo. Pero volvió, y ahora no puedo parar de mirar enfrente. No puedo parar de incomodarla. No puedo notar su presencia y no intentar mostrarme, aparecer para ella, sacarme de la cabeza la tentación de mirarla y las ganas de, al fin, poder admirarla entera, conocerla de vista, saber cómo es.
Sé que lo nota. Porque las mujeres notan todo, y porque entre lo evidentes que somos los hombres soy el hombre más obvio que existe. Al ritmo que cae la persiana cada vez que la cierra, una apisonadora me aplasta el corazón acompañando el movimiento del plástico color marfil, y me paso las próximas jornadas sintiéndome un acosador y luchando conmigo para convencerme de que no la cerró por mí, que no todo pasa por mí. Pero sé, estoy seguro, de que lo nota.
Yo me mato pensando todos los días. Ella se apronta, cierra la persiana y se va a trabajar.
lunes, 26 de diciembre de 2022
Aglutinación
Por suerte estaba sentado. Mi mirada se debatía entre algún punto fijo en la imagen del líder o la visión difuminada que arrojaba un conjunto de grises y amarillos. Escuchaba la mitad de las palabras, a la otra mitad la interrumpían pinchazos en el estómago. Al principio los atribuí al café de hacía un momento, pero luego entendí que en la digestión había más palabras que alimento.
Sentí dentro mío (ahí, justo arriba del ombligo, justo abajo del esternón) cómo las palabras se agrupaban como podían. Estuvieron juntas, pero desde hace media hora que el oído no paraba de agregar a ese menjunje mensajes mezclados en mayúscula, minúscula, negritas, vocablos positivos, neutros, negativos, que golpean como un rayo o que tienen cable a tierra. Y todo va a parar al mismo lado. Ahora hay tanto ahí que no se distingue nada: siquiera se entienden las letras, deformadas por la masa amorfa, por la violencia con la que se une el contenido, por la desesperación con la que se apelmazan en busca de tener algún sentido. Se le desprenden las patas a la A, las P no se sabe si son P o son R a las que se les desprendió la pierna... y hace rato que las palabras se separaron.
Me llaman. Me invitan en la mesa. Dejo aparte el estómago, y desde arriba sólo digo "sí, es una mala racha, en este tiempito va a cambiar, lo voy a conseguir". Es mentira. En este tiempito me voy a desesperar más. Si cambia es para mal, y ni siquiera es necesario un cambio: empeorar es el curso natural de las cosas, con cómo están planteadas.
Termino de hablar. Quiero creer que ya pasó, pero la bola por dentro no da más, en el estómago no hay capacidad para ningún agregado. Siento a la bola subir hasta la garganta. La quiero vomitar. Y solo sale, porque tengo que cuidar las formas en la realidad compartida y porque las palabras no cuidaron su forma en mi realidad interna, un vocablo despedazado, ininteligible, que solo lo entiende el interior. Un grito de puro volumen interno, que quiere decir algo, que quiere decir tanto que no puede hablar nada.
La reunión termina. Me voy de la oficina. Llueve. Ya en la calle, me pregunto cuánto más.
sábado, 24 de septiembre de 2022
GIT
Y un día me reí de lo arbitrario. Caminando por las habitaciones, tranquilo en una tarde tranquila. Después de permitirme un mimo de música, cantaba el repertorio nacional cuando el algoritmo decidió invocarte. No sabía si creerte, no sabía si es porque la banda es buena o si el recuerdo la ameniza, desconocía el origen de todo, y sin pensarte te pensé. Descubrí de repente que estás asociada a la voz de Toth, y que por suerte no conozco ninguna canción triste de él.
Es por amor que uno hace lo que siente. Y por amor, que rebotaba entre amor a vos, a mí, a lo nuestro o al amor mismo, existís en una cuota mucho más grande que lo que me gustaría reconocer. Me apoyé contra la pared, mis manos atrás de la espalda, los pies cruzados y las piernas oblicuas, y mirando fijo un punto inexistente sonreí para acordarme de lo hermosa que te ví siempre.
Río. Porque me acuerdo que me cansé de decir "esta es la última vez que te escribo", hasta que a la sexta te dejé de buscar.
domingo, 26 de junio de 2022
Comodidad
domingo, 17 de abril de 2022
Lo no dicho
Ojalá que el ruido me acompañe en este camino de no decir una mierda. Ya me estoy acostumbrando, le estoy agregando a mis horas, a mis días, a mi existencia los bullicios suficientes como para tapar los pensamientos que me brotan por los poros todo el tiempo, y que se muestran en las ropas sudadas, en la angustia de su ausencia, en el aburrimiento, en la neurosis de lo que pudo ser y no fue.
Una pesadilla me redujo a nada, unas peleas me bajaron al nivel del pasto, y cada alza de voz es un recordatorio de por qué puse una cortina de ruido a tapar a mis pensamientos. ¿Estaré resentido con el mundo porque me obligó a estar acá? ¡Pero si nadie me obligó! ¡Estoy porque lo elegí! Y sin embargo estoy todo el tiempo encontrando motivos nuevos para elegir otra cosa. El solo pensarlo me estremece.
Esto es por esa vez que no llevé a Guada a la pieza. Por esa otra que no besé a Gise. Por cuando Anto me respondió la historia y volví a hablar con ella en la vereda. Por la apurada que hice con Rocío. Por la histeriqueada de Ana. Por el "nunca más no?" de Noe. Por todo lo que le da entidad y forma a mi neurosis y que, dependiendo de la honestidad o la mentira de mi decisión habitual será más cierto o más falso. Pero no sé de qué lado está cada opción. Y como dice el libro, la vida no tiene prueba y error porque es una sola y no hay ensayo que te haga volver atrás.
Y me aburre, me indigna pensar que esto se me puede ir practicando deporte. Yo QUIERO que estas cosas sucedan, y eso es indignante también: no hay camino que me lleve a la tranquilidad.
miércoles, 10 de octubre de 2018
Pavos Reales (prólogo)
Hoy soñé. Es la respuesta fácil. Fue hace nada, estaba así como ahora, acostado de perfil mirando a la puerta, dándole la espalda a la pared gris, tapado hasta el cuello sin saber si hacía frío o calor, si estaba soleado, si había alguien más en casa. Podía quedarme mirando el marrón madera de la puerta y perderme mentalmente entre las curvas del dibujo natural pero eso significaría que debería estar levantado. Cerré los ojos y pretendí volver a donde estaba.
No me puedo sacar de la cabeza que hago todo mal. Hace como un mes que tendría que tener el cuento escrito y me puedo levantar temprano a hacerlo, pero simplemente me pierdo soñando. En los sueños es más fácil.
No quiero escribir. Te juro que no quiero. Debo porque quiero estar en ese libro, pero no quiero. Me muero de ganas de esquivar esta responsabilidad como esquivo todas las demás. Soy un nene. Hace mucho que soy un nene. No puedo pararme. No puedo salir adelante. Hace años que estoy en la misma situación. No puedo agarrar responsabilidades, todo se transforma en una mierda cuando es mi responsabilidad. Todo es una mierda. Aún así no me quiero matar, que es lo loco. Pero no puedo ser responsable, no puedo crecer. Quiero ser para siempre el niño que soy, soñar cuando duermo, soñar cuando me despierto, sentarme en la mesa y soñar que cocino, soñar que no tengo hambre. Soñar hasta que mágicamente la mesa esté servida, como siempre pasa. Soñar que me pego un tiro para recordar cuánta gente me lloraría porque la verdad no tengo a nadie que me levante el ego, lo tengo que hacer yo nomás y con esa táctica de mierda. No sé qué voy a hacer de mi vida pero siento que nunca voy a crecer ni tener novia ni tener un trabajo estable ni nada. No tendré nada más que todas las promesas que fui y que no concreté.
No quiero escribir. Estoy muy contento soñandome aparecer en el libro, no necesito escribir el cuento si al fin y al cabo cierro los ojos y me veo ahí. No tengo energías para describir cosas, me da paja. No quiero hacer poesía no quiero hacer cosas lindas, quiero que el cuento del orto esté terminado. Quiero que esté terminado. Quiero que ya esté hecho, no quiero hacerlo. No quiero esforzarme porque ya se que con el esfuerzo me duele mucho más chocarme contra la pared de no tener ideas, de avanzar un párrafo darme cuenta que es una mierda lo que estoy escribiendo y largarme a llorar y pegarme una piña porque soy un inútil que se genera impotencia a sí mismo.
No puedo. Quiero morir. Que alguien me mate porfa.
La habitación de al lado
Ella vió la señal que habían pactado para cuando pase, y la entendió al instante. Había quedado con su amiga en que, cuando se ...
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Estar volviendo a casa siempre acarrea la incógnita de enfrentarme al portón. Veo al sol incandescente pegando desde arriba (desde ...
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No es que no sepa cómo atravesarlo, es justamente lo contrario. Envidio a Odiseo, porque aunque tuvo que soportar el canto hipnóti...
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Algunas inspiraciones gritan por ser usadas. Yo las encierro en una caja, hasta que no escuche salir del cubo nada más ...

