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viernes, 17 de octubre de 2025

Zanahoria

        Si tuviera los huevos de transcribir las historias que me invento y hacerme cargo de ellas estaría siendo, al menos, un poco reconocido. Porque, ¡hay que tener talento para crear tanto! El ciclo se genera a partir de una estupidez, un futuro hipotético e ínfimo, ingenioso como mi propia mentalidad, que me hace reír. Y me río imaginando que se ríe conmigo. Que reímos juntos como lo hemos hecho tanto, principal motivo de que esa relación sin futuro haya sido relación.

        "Si compra, que compre algo más. Si se quiere probar, que compre. Si le gusta la marca, que se pruebe. Si solo viene a mirar, que le guste la marca. Pero que siempre se lleve algo más que lo que esperaba". Así fue con ella. Ella fue concebida en mi vida como un pique que valía la pena y no era completamente imbécil, entonces fuimos una relación. No estoy enojado con ella porque no haya sido más, ya fue más de lo que debería. Estuvo divertido. Extraño divertirme así.

        Entonces cuando recuerdo las risas quiero recrearlas, no quiero reírme solo. La imagino, porque estoy aburrido y no pasa lo que quiero, escribiéndome este 31/10, el día que nos pusimos de novios pero 365 días antes. La imagino deseándome un feliz halloween, tapando con ese mensaje tan casual una montaña de subtexto, de historia, de vida, de palabras ahogadas. Porque, además, ella es de esas personas que podría desearte feliz halloween como en las películas de Disney, hasta incluso podría decirte "feliz 4 de julio". Y esa posibilidad le daría más subtexto, más ambigüedad, a un mensaje ya de por sí fantástico. 

        En ese hipotético futuro en el que me vuelve a hablar, le agradezco, le pongo su apodo repitiendo tres veces la última vocal para expresar alegría por su mensaje, y en un segundo envío le pregunto si quiere venir a jugar al dulce o truco a casa. Sin intermediaciones, sin cómo estás, sin protocolos: al hueso. Como lo fuimos. 

        Por eso fuimos. 

        Conjugación en pretérico perfecto, suceso perfectamente terminado, pero suceso en fin: ocurrió. Inconscientemente se entiende a ese "fuimos" con énfasis en lo que se acabó, mas lo emito distinto: si no hubiéramos ido al hueso no habría pasado nada. Elijo el haber sido antes que el podría. La elijo en mi vida en esta forma etérea de inspiración infructuosa, de ausencia y presencia, de recuerdo de Schrödinger, en esto que somos ahora. 

        Elijo imaginar que la hago reír con esa respuesta tan rápida y tan mía, tan de confianza, y que me dice que sí (también elijo en este escrito cambiar todas las evocaciones a ella a una tercera persona, porque ya no quiero hablarle si no me va a responder. Pero que conste: sigo, en algún momento de la transcripción, hablándole a ella). Y ubico a esa memoria que elegí, a esa memoria que nunca sucedió,  en la punta de la caña de pescar que me até a la espalda apuntando hacia el frente. Mi zanahoria me llevará con vida y esperanza a ese 31/10 en el que no pasará absolutamente NADA. Y ese día me daré cuenta de que la sigo esperando, aunque mi habitualidad esté bien. Sigo esperando un gesto de ella. Me daré cuenta, como me estoy dando cuenta ahora.

        Qué ridículo es este tipo de desamor.

        Qué ridículo es este tipo.

jueves, 2 de octubre de 2025

el día después


(...), no sé cómo encontrar la fórmula para no querer que esté cuando haga lo que sea que quiera hacer. No entiendo cuántos experimentos tengo que intentar hasta que pueda no ponerle una máscara con su cara a la que esté saliendo conmigo. Y no sé cómo dejar de estudiar escultura para así dejar de crear muñecos de su cuerpo todas las veces que encuentro una explicación nueva. Ya no quiero poner la silla vacía enfrente mío y hablarle a la nada para aliviar mi dolor imaginando que me escucha y que dialogamos. 

Ya no quiero abrazarla, pero no puedo dejarla ir. En algún momento se me ocurrió la idea de que va a venir a buscarme el día después de que deje de esperarla, y entonces cada vez que dejo de pensar en ella determino que este es el momento que definitivamente la superé, y, por ende, el momento en el que me escribe.

Pienso que seré prisionero por siempre del fantasma tatuado, careta, de pelo perfecto y perfume l'Interdit que me persigue.

Entonces entiendo que es un pensamiento apocalíptico. Y que padezco de ansiedad. 

Y recuerdo que todo va a pasar.

Algún día va a pasar.



Sin que vuelva. 

domingo, 3 de agosto de 2025

El niño

No, amor, ¿Qué pasó? ¿Por qué estás así? ¿Qué te devastó tanto? ¿Qué es lo que te dejó arruinado, que te dejó chiquito? Tirado en el sillón abrazando tus rodillas, la cabeza apoyada en el almohadón, las lágrimas saliendo de a chorros. La música a todo volumen en los auriculares para no avergonzarte de cuán fuerte estás llorando. Una hemorragia que no corta, una angustia que no deja de exhibirse, una garganta que queda chica para el caudal de dolor que intenta proferir, sin palabras, sin protestas, sin formalización. Sos uno con el vos de hace 20 años, por fin.

No, amor, te juro que estás bien. No hay un juez que te condene a la intrascendencia, no hay un mundo listo para reírse de vos, no hay que llegar a que te vea ese mundo al que querés gustarle haciendo lo que sea para que al fin te reconozca esa persona que amás y para la que nunca vas a ser suficiente. Nunca vas a alcanzarle. Ya el tiempo pasó, ya no vivís con tu familia, ya es tarde para seguir intentando que te reconozcan, que te feliciten por algo, ya no podés siquiera esbozar algo grandioso para que, quizá así, te pregunten cómo estás, noten tu presencia. 

Pero a ese niño aún le duele. El infante no creció, se negó a avanzar en el tiempo mientras el resto del cuerpo lo dejaba sin mirar atrás. Y te olvidaste de que aún tras tantos años sigue esperando reconocimiento, como cuando vos mismo esperabas eternamente a que papá te pase a buscar y enterarte que se olvidó de vos, como cuando esperabas que mamá vuelva de trabajar a las 4 de la mañana para recibir su amor y estaban los dos muy cansados como para dar y recibir algo, como cuando esperabas que te lleven a tu propio cumpleaños y nunca pasó porque olvidaron que estaban festejándote.

Hay alguien festejándote. Hay alguien, hay muchas personas contentas porque existas. Y creíste que con la sobriedad de confiar en que importas te era suficiente. Hasta que apareció una niña a impresionarse con tu sola existencia, y así le tendió la mano al niño que había quedado rezagado tantos kilómetros atrás. Le extendió su palma a ese niño que permanecía sentado en la vereda mientras todo el mundo grande intentaba divertirse, intentaba seguir vivo, y con sus manos sobre las rodillas se preguntaba cuándo le va a tocar, cuándo lo llevan, esperando pacientemente sin exhibir ni un atisbo de la decepción que está haciendo añicos su corazón por tantos años de ser ignorado.

Ese niño no quiso caminar. Se quedó en la vereda porque exigió que por una vez, en algo, alguien lo lleve. Quería dejar de hacer todo solo, no quiso saber nada con ese alivio que le daba a los demás su autosuficiencia, "qué bueno que no tenemos que cuidar a Lucas, el se maneja re bien". Ese es el premio de hacer las cosas bien: no ser una carga. 

No querés más que abrazar a ese niño y llorar con él. Decirle, jurarle, que va a estar todo bien. No querés más que rogarle perdón por no haber cuidado a la niña fan de Disney que le dió su mano y lo acompañó hasta acá, que le dijo que no sabía el camino pero que era mejor caminar juntos, que sentado no iba a avanzar. No sabés cómo hacerle entender que esa niña no va a volver, que le hiciste mucho daño, que no comprendés por qué y que no alcanzó con nada para que se quede. Que te diste cuenta con su ausencia de todo lo que hiciste mal y que habiendo pasado tres meses todavía seguís descubriendo dolores nuevos en rincones que no existían antes de ella. La vocecita tierna respondiéndote, llorando, fingiendo madurez, diciendo "está bien, no pasa nada" de la misma forma en la que esperaba que lo pasen a buscar sentado en la vereda, mientras la decepción hacía añicos su corazón. Y si no tuviese los oídos tan sensibles le gritarías que por favor exprese su furia, que está bien estar enojado, que grite por ayuda, que por favor se tenga en cuenta, se escuche. Que, por dios, diga algo, que te aniquila verlo esperar actuando paciencia para que los grandes no le reprochen la carga que está siendo.

A esa niña le alcanzabas con ser vos. En un mundo desarrollado durante 20 años con exigencias e insuficiencias le alcanzabas con ser vos. El que estudió comunicación social porque estaba al pedo, que en la adolescencia hacía quilombo en la calle, que se viste como tiene ganas porque total no existe para nadie. A ese que nunca se tira una flor, a ese que nunca se valora en nada porque capaz que hace mucho ruido y molesta, a ese vino a decirle que le encanta como se viste. Que le encanta como toca la guitarra. Que le encanta cómo es. Le dijo que era realmente lindo y que se moría de ganas de estar con él. Le contó que lo amaba tanto que se animaba a abrir por primera vez en su vida su corazón. Y amar. 

Por primera vez, nadie le pidió nada al niño. Lo pasaron a buscar y le preguntaron cómo está. Simplemente le dijeron cuán contentos estaban de su existencia. Por primera vez, alguien no le pidió al niño que crezca. Y ahora, otra vez, a mitad de camino el niño se queda solo porque a su novia la echaron los grandes. Los de los otros problemas. Los problemas serios.

¿Cómo le decimos al nene que sigue siendo suficiente, que no se esfuerce? ¿Cómo le vamos a decir que se dedique a jugar, si jugar solo es aburridísimo? ¿Cómo vamos a hacerle entender que su única amiga, su única compañera, se tuvo que ir por problemas de grandes?

No alcanzan las palabras. En realidad, no hay palabras. Simplemente abracemos al niño, festejemos que ella, como último acto de amor, lo trajo hasta acá. Limpiémoslo, bañémoslo, abracémoslo. Hagámosle una chocolatada, pongámosle una peli y festejemos que está de nuevo con nosotros.

Y por favor, no le pidamos nada.

jueves, 1 de mayo de 2025

No estás

        ¿Cómo hago para llorar? Tengo una mujer atravesada en mi garganta, que no es una mujer sino mi novia, que no es mi novia sino alguien a quien pertenezco y que no me tiene. No hay canción que alcance, todas tienen ocupado su cupo de llanto, tienen a su identificación marcada con el sello de la tristeza curada, y ahora el arte me deja solo con este dolor que no conozco. 

Necesito que estés acá para llorar, para llorar con vos, pero justamente quiero llorar porque no estás. Nunca estás. No te puedo pedir nada, no te puedo ofrecer nada, no necesitás nada de mi, no me das nada. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que te moleste la obligación de ser novios? ¿Cuánta tolerancia te va a rebalsar para que ya no quieras salir de tu rutina para visitarme en mi asilo? ¿Qué va a ser lo que tapie la única ventana que te queda para verme? Porque entraste muchas cosas nuevas a tu casa y tu casa no puede crecer, el espacio es el mismo, y a las cosas nuevas las necesitás. Y un día voy a ir a visitarte y voy a encontrar mi ropa en el marco de la ventana porque no me vas a tirar a la calle pero te urge tener más lugar en el ropero. 

Te vi hacer tu camino, fuimos dos pavimentando tu calle, ese lugar al que odiabas llegar. ¿Te acordás de que no tenías ni un espejo en tu casa porque odiabas verte? Yo estaba ahí. Y estuve cuando te animaste a tener uno. Y me puse feliz por verte así. Te quisiste hacer un tatuaje que llegaba hasta tu mano, sabías que iba a quedar bien pero no sabías si el mundo te iba a cerrar la puerta, y me aseguré de que sepas que pase lo que pase al menos yo iba a estar ahí. Y te encantó el resultado. Y me puse feliz por verte así. Quisiste arrancar la carrera que querías estudiar, darte otra oportunidad de encontrarte, pero no sabías si te iba a dar el tiempo para todo, y me aseguré de que puedas contar conmigo. Y ahora amás ese espacio nuevo, amás lo que estudias, y estoy recontra feliz por vos. 

Ahora estás radiante, hermosísima, completamente feliz, y sin mí en ningún lado. ¿Y qué iba a hacer yo? ¿Ponerme como protagonista de algo en tu vida para asegurarme de que no me desplaces? ¿Pedirte que me hagas una gruta en la vereda para que me reces todos los días? Quise hacer cosas por mí porque hay vida más allá de vos, es cierto, y ahora hago deporte, tengo amigos de nuevo, escribo, hago música, pero seguís sin aparecer. Yo soy más feliz, pero sigo sin vos. Creí que así no iba a pensar tanto en vos, pero confundí el problema. El problema no es pensar mucho en vos, el problema es que ya no estás. Y encima no puedo llorar.

Ya no tengo lugar en tu vida, ¿y ahora qué mierda hago?

jueves, 16 de enero de 2025

Defensa de la admiración

            Te miro tanto porque sos hermosa. Porque si fueras un cuadro te miraría una hora entera por día, pero resulta que tenés subjetividad y no sería agradable que mientras seas una persona otro sujeto te estaquee con sus ojos.

            Me despojaría de mi humanidad para poder mirarte ininterrumpidamente sin matar tu naturalidad. Sos hermosísima, y me libro de mi persona, de mis capacidades o posibilidades de hacer algo más con eso.

            Me encantás, nada más y nada menos. Así que ojalá, a partir de ahora, mis ojos ya no le agreguen tantas pesas al esfuerzo de trabajar.

lunes, 13 de enero de 2025

Sueño y palabra

            La comparación con el inglés es fantástica, el pragma capitalista queda en evidencia: el otro como bien, objetivizado, contra la consideración del otro como sujeto. Dreamed of you o dreamed about you, "soñé de vos" como si fueses un objeto, "soñé sobre vos" como si fueses un tema a tratar.

            Yo soñé con vos, estabas ahí. Y lo peor es que ni siquiera estabas, hice aparecer a tu tutor, al que nunca ví, en un negocio en el que estaba de casualidad porque nunca voy, y le pregunté por vos.

            Le hice decir opa, ¡me voy! cuando me presenté como tu ex, y lo primero (y único) que me dijo a posteriori fue que me pedís perdón.

            
            ¿Saber de vos será como hablar con vos? Dado que te conozco tanto, ¿es mi inconciente capaz de ser tan fiable como para saber que, si me cruzo a Fabián, efectivamente va a ser así?

            Será lo infortuito de ese encuentro, pero duermo con paz desde tu disculpa. Y yo, que te tenía sepultada en fosa común, te desenterré para, en un tiempo, promoverte al panteón que te merecés.

jueves, 23 de mayo de 2024

Ahora que estoy borracho

"Cuando tomo alcohol siento que lo que hago no está tan mal
                                                        Pero a lo mejor es mi estado real"

           Después de una botella de vino no quiero viciar. Ni quiero dormir. Ni acariciar a mi gata más de 5 minutos. Quiero escuchar música mientras escribo este apunte sobre lo que me pasa. Porque en este estado deplorable (como evidencia de ello, tuve que intentar escribir deplorable seis veces) hay tantas interrupciones motrices y anímicas que no puedo hacer más que lo que quiero. Y cuando siento que se me va el valor le meto otro trago más, no vaya a ser que se me pase y vuelva a la monotonía, a la llanura habitual, al podría ser que no infla el globo por miedo a pincharlo.

            Una aguja pincha el globo igual, inflado o no, nada más que si lo pincha desinflado no te das cuenta hasta que es demasiado tarde. Pensamientos súbitos que no por tambaleantes y espontáneos pierden razón. Ya estoy condenado a ser un boludo, al menos intentaré serlo con convicción. Porque mi habitualidad rebota entre tratar el miedo a la intrascendencia y jugar jueguitos para olvidarlo. ¿Un tratamiento? Una vez por semana, los jueves a las 8:30, en el consultorio de Silvia. Eso es todo lo que puedo dar.

            No quiero ser el gil con los problemas boludos que me dijeron que soy, ni compartir esa categoría con la otra boluda que tiene los mismos problemas, toma los mismos anti depresivos y ya no me da bola. Lo soy, sí, pero no quiero. 

            ¿Y si necesito gastarme toda la plata en putas y timba como Dostoyevski? Ahí está, en realidad, el debate con la masividad, con lo que quiero ser, con lo que podría alcanzar. YA SÉ QUE SOY ANSIOSO. Tu problema es que querés ser Calamaro en el primer disco, diría la Silvia. Pero es difícil desligarse de las historias frenéticas e infumables, incoherentes y hasta ilegales detrás de cada gran obra. Si no es Van Gogh cortándose la oreja es Ross Robinson tirándole cosas a Joey Jordison para que toque enojado. El ver lo que se necesita para ser del tamaño que quiero me pone de frente con Vilemaw, así que discúlpenme por tenerle miedo a una araña gigante que ni en pedo enfrento solo.

             La intrascendencia. Otra vez la intrascendencia. Abrir los ojos y tener frente a ellos la evidencia de que no le intereso a la que me gustaría que pregunte por mí. El decirme que no insista, que no tengo por qué gustarle, el vacío posterior. El alcohol para llenarlo.


             La gata maullando allá.

             Yo, solo, escribiendo como único remedio.

jueves, 21 de marzo de 2024

Detesto estar enamorado

Veo dulzura en sus ojos negros, y una belleza que jamás vi. Veo paz en su actitud caótica, inesperada, tan inesperada como que me dirija la palabra. 

Es esa ternura que la rodea lo que me captura. Puedo ver un mundo con ella, pero su estatus de diosa sobre la tierra me hace preguntarme realmente si otra vez mi percepción me está engañando.


Detesto estar enamorado. Porque me va a hacer mierda.


Trato de simular que sos el motivo más importante de mi emoción por mi cumple. Intenté ocultar que cuando supe que ibas a ir apreté el puño en señal de festejo. No pregunto por vos, porque nombrarte va a abrir las puertas de todo lo que siento, y ruego que nadie hable sobre vos, porque va a ser un dique al que, de la nada, le vuelan la pared.

Y sos tanta mujer, sos tan imposible, que tengo ganas de hacer todo lo que quiero lograr. Quiero tener una banda, quiero grabar mi disco, mejorar mis composiciones, quiero escribir, todo solo para merecerte.


Desde que sé que existo para vos camino por una lámina de vidrio a 50 metros de altura.

martes, 25 de abril de 2023

Orgánico

             ¿Será por su encanto? ¿O porque todavía no me di cuenta de que no me gusta? ¿O es que me encanta y me da pánico pensar en el más allá, en el cómo? 


                No sé el motivo, pero no puedo imaginarla eróticamente. Sólo quiero abrazarla, toda la noche si es posible, y quiero tener su pelo debajo de mi nariz, escucharla respirar encima de mi pecho, y acariciarle la cabeza para que duerma en paz. Quiero abrazarla fuerte y cagar a piñas al que la quiera molestar.


                Todo mientras seguimos siendo amigos, todo mientras desconozco el sabor de su boca.


            Quizá si expreso mi atracción por otra enfrente de ella le llamo la atención y se la juega, quizá así origino un lance, o quizá mejor invento alguna excusa para verla de nuevo... Pero ya no tengo ganas, no quiero idear estrategias: la única forma de que salga algo bueno con ella (amistad u onda) es que lo que sea sea genuino, orgánico.



                Quiero dormir con vos de nuevo. Quiero enamorarme otra vez de vos, como cuando estabas acostada al lado mío, arreglando la cama, y yo estaba mirando el tornillo fijamente, entendiendo lo cerca que estaba el peligro de embobarme mirándote.


                Quiero abrazarte toda la noche. Es lo único que sé.

jueves, 30 de marzo de 2023

El éxito

            ¿Podés creer?  Estoy acostado mirando el techo de mi casa.


            Que no es casa. No es nuestra casa. 


            Es mi casa.


            Escuchar música tranquilo (porque ya tengo abono en el celular), mirar por las ventanas (porque tanto en el balcón como en la ventana de la pieza tengo una vista preciosa), pensar en música, escribir, salir con amigos...


            Todo se transformó, se agrandó, ocupó dinámicamente, como un globo que se expande por todo el espacio que las paredes le dejan, mi vida y mi tiempo.


            Y me va re bien en el laburo. Y siento que me merezco lo que tengo. Y no me conformo. Y amo. Y río, sin obedecer al kitsch del momento.


            Estoy bien.


            Estoy tan bien, tan en paz, que a veces me doy, me puedo dar, el lujo de acostarme a mirar el techo y escuchar música. Y entonces, en paz, sin tener urgencias que cubrir, sin tener nada que me quite el sueño, te pienso y digo que no puedo creer que nos hayamos separado.

lunes, 6 de marzo de 2023

La lanza

             (...) te podría haber hecho reír. Te podría dar un amor gigante. Podríamos haber hablado de psicoanálisis, ponele. Te habría escuchado con fascinación en lo que sea que cuentes, ese misterio que guardas y que desconozco. Hubiera sido genial.


            Porque los dos nos gustamos.


            No me habría cansado nunca de decirte lo hermosa que sos.


            Estaba dispuesto a morir por esto. Hasta me imaginé enganchados, y vos preguntándome cuánta seriedad puede tener mi amor si recién me separé. Y me imaginé diciéndote que sí, que en algún momento iba a sufrir un lanzazo que me atraviese la espalda y el corazón, pero que estoy dispuesto a comérmelo por vos, si es que querés quedarte, y que si te vas lo entendería, y si sigo vivo después del lanzazo te amaría por siempre. 


            Y bueno... Si el lanzazo me mata, mi muerte habrá valido la pena. Porque definitivamente me muero por vos.


            Pero me descartaste. Cómo duele, taladra, aniquila.

sábado, 21 de enero de 2023

La de enfrente/2


    
            



                Desde que volví, es decir, recién comenzado el 2023, la persiana no volvió a abrirse. Y su ausencia me demostró mi ausencia propia, la falta de propósito en mis cosas que se acrecentó cuando me quedé sin laburo. De la nada, todos los días era mirar enfrente, al otro lado de la calle, para ver si ella volvió. Y nunca volvía.


        Me preguntaba todos los días si se habría mudado, y enseguida me respondía que no, que los sillones todavía estaban, se los hubiera llevado. "¿Y si se fue y quedaron como propiedad del departamento? Ya van tres semanas sin verla", y en esa incógnita imposible de resolver se quedaba mi intriga total por la ventana de enfrente, la habitante que me entretenía todos los días, la seducción de lo desconocido que se apoderaba de mi ahora intrascendente vida.


        No registré mi obsesión por ella hasta que vi, al fin, la ventana abierta. La persiana levantada, tras semanas de estar velando el interior del departamento de dos ambientes, ese departamento cuyo living/cocina se observa con totalidad desde el mío, y cuyo pasillo de ingreso a su pieza me mostró de pura casualidad su cuerpo desnudo saliendo de la ducha. Porque eso fue lo último que vi de ella: su cuerpo delgado, su presencia imponente, su cabello oscuro enhebrado entre sí con la típica consistencia del pelo largo mojado, y su cola desnuda, todo marchando hacia su pieza sin ninguna toalla, sin interrupciones, sin vergüenza. Y la vi girar hacia la derecha, noté sus pezones pequeños, erectos, noté que no supo que la vi, entendí que se metió a su pieza a vestirse, y eso fue la única vez en los próximos 21 días que encontré su color. 


        Y recién ahora recuerdo cómo, las tres semanas de larga incógnita, mi mente se debatió ininterrumpidamente si lo hizo a propósito, queriendo que por alguna de las grandes casualidades la vea o si, al ver que en el departamento de enfrente parecía no haber nadie, se sintió segura de no complicarse la salida del baño. Y ella, sin saberlo, cruzó de la ducha a la pieza en el preciso instante (lo juro) que atiné a juntar la ropa que estaba colgada en el tender del balcón. Tampoco supo ella que, si bien se habrá apartado de Rosario las tres semanas siguientes, no salió en ningún momento de la mente de su vecino, que la traía a la ciudad cada vez que un minuto parecía muerto. 


        Pero ya volvió. Ya está acá. Cuando me aburría durante su ausencia, me sentaba a desafiar la incógnita que tuve desde que se estableció en su nuevo hogar, a mirar, fija, larga y tendidamente la estructura de su departamento y pensar en lo que ella estaría haciendo. Pero volvió, y ahora no puedo parar de mirar enfrente. No puedo parar de incomodarla. No puedo notar su presencia y no intentar mostrarme, aparecer para ella, sacarme de la cabeza la tentación de mirarla y las ganas de, al fin, poder admirarla entera, conocerla de vista, saber cómo es. 


Sé que lo nota. Porque las mujeres notan todo, y porque entre lo evidentes que somos los hombres soy el hombre más obvio que existe. Al ritmo que cae la persiana cada vez que la cierra, una apisonadora me aplasta el corazón acompañando el movimiento del plástico color marfil, y me paso las próximas jornadas sintiéndome un acosador y luchando conmigo para convencerme de que no la cerró por mí, que no todo pasa por mí. Pero sé, estoy seguro, de que lo nota.


Yo me mato pensando todos los días. Ella se apronta, cierra la persiana y se va a trabajar.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Aglutinación

        





        Por suerte estaba sentado. Mi mirada se debatía entre algún punto fijo en la imagen del líder o la visión difuminada que arrojaba un conjunto de grises y amarillos. Escuchaba la mitad de las palabras, a la otra mitad la interrumpían pinchazos en el estómago. Al principio los atribuí al café de hacía un momento, pero luego entendí que en la digestión había más palabras que alimento. 


Sentí dentro mío (ahí, justo arriba del ombligo, justo abajo del esternón) cómo las palabras se agrupaban como podían. Estuvieron juntas, pero desde hace media hora que el oído no paraba de agregar a ese menjunje mensajes mezclados en mayúscula, minúscula, negritas, vocablos positivos, neutros, negativos, que golpean como un rayo o que tienen cable a tierra. Y todo va a parar al mismo lado. Ahora hay tanto ahí que no se distingue nada: siquiera se entienden las letras, deformadas por la masa amorfa, por la violencia con la que se une el contenido, por la desesperación con la que se apelmazan en busca de tener algún sentido. Se le desprenden las patas a la A, las P no se sabe si son P o son R a las que se les desprendió la pierna... y hace rato que las palabras se separaron.

Me llaman. Me invitan en la mesa. Dejo aparte el estómago, y desde arriba sólo digo "sí, es una mala racha, en este tiempito va a cambiar, lo voy a conseguir". Es mentira. En este tiempito me voy a desesperar más. Si cambia es para mal, y ni siquiera es necesario un cambio: empeorar es el curso natural de las cosas, con cómo están planteadas. 


Termino de hablar. Quiero creer que ya pasó, pero la bola por dentro no da más, en el estómago no hay capacidad para ningún agregado. Siento a la bola subir hasta la garganta. La quiero vomitar. Y solo sale, porque tengo que cuidar las formas en la realidad compartida y porque las palabras no cuidaron su forma en mi realidad interna, un vocablo despedazado, ininteligible, que solo lo entiende el interior. Un grito de puro volumen interno, que quiere decir algo, que quiere decir tanto que no puede hablar nada.


La reunión termina. Me voy de la oficina. Llueve. Ya en la calle, me pregunto cuánto más.

sábado, 24 de septiembre de 2022

GIT

        Y un día me reí de lo arbitrario. Caminando por las habitaciones, tranquilo en una tarde tranquila. Después de permitirme un mimo de música, cantaba el repertorio nacional cuando el algoritmo decidió invocarte. No sabía si creerte, no sabía si es porque la banda es buena o si el recuerdo la ameniza, desconocía el origen de todo, y sin pensarte te pensé. Descubrí de repente que estás asociada a la voz de Toth, y que por suerte no conozco ninguna canción triste de él.

Es por amor que uno hace lo que siente. Y por amor, que rebotaba entre amor a vos, a mí, a lo nuestro o al amor mismo, existís en una cuota mucho más grande que lo que me gustaría reconocer. Me apoyé contra la pared, mis manos atrás de la espalda, los pies cruzados y las piernas oblicuas, y mirando fijo un punto inexistente sonreí para acordarme de lo hermosa que te ví siempre.

Río. Porque me acuerdo que me cansé de decir "esta es la última vez que te escribo", hasta que a la sexta te dejé de buscar.

domingo, 26 de junio de 2022

Comodidad

Empujo desde abajo y la chapa está pesada. Pasaron ya 4 años desde que me encerré acá abajo, podrido del aire viciado que me contagia su angustia entremezclada con la luz del sol; cansado de ingerir sorgo para sobrevivir, extrañando cuando me preparaba nutridos platos de arroz. Cada piña, cada esfuerzo que mi brazo derecho hace para levantar la lámina de hierro me retrotrae a arrepentirme de estar acá, pero al mismo tiempo me recuerda cuánto anhelo hubo en ello. ¡Cuánto busqué por todos lados este sótano! En el rancho entraba viento, llovía por todos lados, y ya no tenía sentido halagar que sea mi propia construcción porque me resfriaba, me deprimía verme ahí, me enfermaba buscando la mísera subsistencia.


Me enferma la impaciencia, creo que hoy no voy a poder abrir. Es tan pesado todo que, si no fuese porque noto un mínimo movimiento y porque estoy re podrido de estar acá, me volvería a acobachar entre la alacena y la pared, como estoy haciendo desde hace 3 años. Pero extraño la luz del sol, extraño el aire, el campo, construirme cosas, guarecerme a mi mismo. Echo de menos a lo que brota de mí, a lo que valora mi forma de ser, a eso que es mucho más coherente que encerrarme a estar calentito y ver el tiempo pasar. Mi lugar es afuera.


Y qué dolor volver. Volver a pasar frío, a no tener nada, y encima a saber que una vez tuve un ranchito lindo y ahora seguramente esté destrozado, que ni de rancho sirva, pero que tendré que reconstruirlo porque ni en pedo me busco otro tronco, otras chapas, otras cuerdas, otro piso. La carga del afecto a ese espacio me empuja para allá, como empujo con mis bracitos la compuerta que, recién ahora, tiene fácil 20 kilos de polvo encima. Qué enfermante anhelar tanto llegar, querer estar ahí para celebrarlo cuando el premio, lo disfrutable, es haber podido abrir la puerta, despedirme del búnquer y partir. 


Por hoy estoy. Ya entendí que hay mucho polvo arriba, que quiero realmente estar afuera, que lo mío no es la comodidad del cuarto, que extraño mi ranchito. Mañana me vas a encontrar acá, de nuevo: o haciendo fuerza, o queriendo sacarle de encima la mugre a la puerta.

domingo, 17 de abril de 2022

Lo no dicho

        Ojalá que el ruido me acompañe en este camino de no decir una mierda. Ya me estoy acostumbrando, le estoy agregando a mis horas, a mis días, a mi existencia los bullicios suficientes como para tapar los pensamientos que me brotan por los poros todo el tiempo, y que se muestran en las ropas sudadas, en la angustia de su ausencia, en el aburrimiento, en la neurosis de lo que pudo ser y no fue. 


        Una pesadilla me redujo a nada, unas peleas me bajaron al nivel del pasto, y cada alza de voz es un recordatorio de por qué puse una cortina de ruido a tapar a mis pensamientos. ¿Estaré resentido con el mundo porque me obligó a estar acá? ¡Pero si nadie me obligó! ¡Estoy porque lo elegí! Y sin embargo estoy todo el tiempo encontrando motivos nuevos para elegir otra cosa. El solo pensarlo me estremece. 


        Esto es por esa vez que no llevé a Guada a la pieza. Por esa otra que no besé a Gise. Por cuando Anto me respondió la historia y volví a hablar con ella en la vereda. Por la apurada que hice con Rocío. Por la histeriqueada de Ana. Por el "nunca más no?" de Noe. Por todo lo que le da entidad y forma a mi neurosis y que, dependiendo de la honestidad o la mentira de mi decisión habitual será más cierto o más falso. Pero no sé de qué lado está cada opción. Y como dice el libro, la vida no tiene prueba y error porque es una sola y no hay ensayo que te haga volver atrás. 


        Y me aburre, me indigna pensar que esto se me puede ir practicando deporte. Yo QUIERO que estas cosas sucedan, y eso es indignante también: no hay camino que me lleve a la tranquilidad.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Pavos Reales (prólogo)

        Hoy soñé. Es la respuesta fácil. Fue hace nada, estaba así como ahora, acostado de perfil mirando a la puerta, dándole la espalda a la pared gris, tapado hasta el cuello sin saber si hacía frío o calor, si estaba soleado, si había alguien más en casa. Podía quedarme mirando el marrón madera de la puerta y perderme mentalmente entre las curvas del dibujo natural pero eso significaría que debería estar levantado. Cerré los ojos y pretendí volver a donde estaba. 


        No me puedo sacar de la cabeza que hago todo mal. Hace como un mes que tendría que tener el cuento escrito y me puedo levantar temprano a hacerlo, pero simplemente me pierdo soñando. En los sueños es más fácil. 


        No quiero escribir. Te juro que no quiero. Debo porque quiero estar en ese libro, pero no quiero. Me muero de ganas de esquivar esta responsabilidad como esquivo todas las demás. Soy un nene. Hace mucho que soy un nene. No puedo pararme. No puedo salir adelante. Hace años que estoy en la misma situación. No puedo agarrar responsabilidades, todo se transforma en una mierda cuando es mi responsabilidad. Todo es una mierda. Aún así no me quiero matar, que es lo loco. Pero no puedo ser responsable, no puedo crecer. Quiero ser para siempre el niño que soy, soñar cuando duermo, soñar cuando me despierto, sentarme en la mesa y soñar que cocino, soñar que no tengo hambre. Soñar hasta que mágicamente la mesa esté servida, como siempre pasa. Soñar que me pego un tiro para recordar cuánta gente me lloraría porque la verdad no tengo a nadie que me levante el ego, lo tengo que hacer yo nomás y con esa táctica de mierda. No sé qué voy a hacer de mi vida pero siento que nunca voy a crecer ni tener novia ni tener un trabajo estable ni nada. No tendré nada más que todas las promesas que fui y que no concreté. 


        No quiero escribir. Estoy muy contento soñandome aparecer en el libro, no necesito escribir el cuento si al fin y al cabo cierro los ojos y me veo ahí. No tengo energías para describir cosas, me da paja. No quiero hacer poesía no quiero hacer cosas lindas, quiero que el cuento del orto esté terminado. Quiero que esté terminado. Quiero que ya esté hecho, no quiero hacerlo. No quiero esforzarme porque ya se que con el esfuerzo me duele mucho más chocarme contra la pared de no tener ideas, de avanzar un párrafo darme cuenta que es una mierda lo que estoy escribiendo y largarme a llorar y pegarme una piña porque soy un inútil que se genera impotencia a sí mismo.


        No puedo. Quiero morir. Que alguien me mate porfa.

La habitación de al lado

          Ella vió la señal que habían pactado para cuando pase, y la entendió al instante.  Había quedado con su amiga en que, cuando se ...